Cómo viajar el mundo sin dinero


CUENTO: 2 meses, 9 países, 0 dinero


Dos chicos querían recorrer Europa, pero no tenían plata. Así que se les ocurrió una idea loca: ¿Y si lo hacemos así? Sin un solo centavo. Miremos hasta dónde llegamos sin tocar dinero, y que esa sea parte de la aventura.

Fuente: experiencia de un amigo


RESUMEN DEL EPISODIO


Esencialmente existen 4 categorías de gastos al viajar:



Si logras reducir tus gastos en cada categoría, puedes viajar con poco o incluso sin nada de dinero.


HOSPEDAJE


Intercambios de hospitalidad



Alojamiento a cambio de trabajo



Cuidando casas o mascotas



Otras opciones:



TRANSPORTE



COMIDA


Aproximadamente el 40 % de los alimentos se botan al año.
Fuente: How Much Food Does the World Really Waste? | World Resources Institute



TODO LO DEMÁS




OTROS RECURSOS VALIOSOS



TRANSCRIPCIÓN COMPLETA


En Alemania conocí a un chico polaco quien soñaba con conocer el mundo. Pero estaba recién salido del colegio, y claro, uno cuando está joven casi nunca tiene plata. Sin embargo, decidió que la falta de dinero no tenía por qué impedirle su sueño. Y conversando con un amigo que también soñaba con viajar, dijeron, ¿y por qué no nos vamos así? Sin un solo centavo, sin tarjeta de crédito, sin absolutamente nada. Qué tal si empacamos la mochila y nos retamos a viajar durante dos meses sin siquiera tocar una moneda, y que esa sea parte de la aventura.

Uno cuando está joven también casi siempre está un poco loco, ¿no? Y arrancaron. Así. Sin un centavo en el bolsillo, sin nada.

Por el Camino le contaban a la gente que estaban viajando sin dinero, y muchas veces varias personas intentaban regalarle dinero para ayudarles en su viaje, y los chicos decían, No, es que ese es el punto, queremos demostrar que es posible vivir y viajar sin plata.

En esos dos meses se recorrieron medio continente europeo, a veces pasando frío y hambre, claro, pero otras, disfrutando de la magia del Camino que todo lo provee, siempre viviendo de las experiencias más extraordinarias de su vida.

Conocí a este chico cuando mi pareja y yo estábamos viajando por Europa, no con nada pero sí con poco, y él nos hospedó en su casa, feliz de recibir viajeros y poder devolver un poco la hospitalidad que tantas otras personas le habían mostrado a él.

Tenía ya un buen trabajo y un bonito apartamento en el centro de Berlin, pero soñaba con volver a echarse la mochila al hombro y agarrar Camino hacia el horizonte. Espero volvérmelo a encontrar uno de estos días, porque los viajeros siempre se cruzan otra vez.

“QUIERO PERO NO PUEDO”


No se imaginan cuántas personas he conocido que me han dicho, “Ay, qué envidia usted que viaja por el mundo y ha conocido tantos países; ese es mi sueño, pero no tengo plata.”

Este podcast trata sobre vivir con valor, y las diferentes lecciones que me han quedado luego de viajar de mochilera por el mundo durante varios años, y una de esas lecciones es que uno nunca debería permitir que la falta de dinero te impida cumplir los sueños. Y que realmente, no se necesita ser rico para viajar.

Bueno, si lo que quieres es darte unas vacaciones de lujo en un crucero 5-estrellas con todo incluido, posiblemente sí necesites mucha plata (aunque, para que sepas, en muchas ocasiones yo he tenido experiencias de lujo así gastando poco o incluso nada, así que todo es posible en este mundo.)

Pero hay muchas formas de viajar. Y conocer el mundo es una experiencia tan enriquecedora que no debería reservarse para unos pocos ricos. El Camino provee, y si te atreves a elegir la valentía de buscar lo que sueña tu alma, el universo entero conspira para ayudarte.

Lo primero es darse cuenta que sí es posible, que todo problema tiene solución. Quizá esa solución no te guste, o digas, no, eso no es para mí, y está bien, no hay lío. La cosa es, de que se puede, se puede.

Entonces, te voy a contar cómo puedes viajar el mundo incluso si no tienes mucho dinero.

Básicamente, si generas ingresos suficientes para cubrir gastos, puedes viajar de forma indefinida. Así es como yo he podido viajar durante años seguidos, porque todo lo que gasto lo repongo.

Si generas mucho, pues puedes gastar mucho, pero si generas poco, tienes que encontrar la forma de gastar poco.

Así que te voy a contar cómo reducir gastos al viajar, y en otro episodio más adelante te daré algunas ideas de cómo generar ingresos por el Camino.

CATEGORÍAS DE GASTOS


Esencialmente hay cuatro categorías principales de gastos al viajar:

hospedaje,
transporte,
comida, y
todo lo demás

HOSPEDAJE

Miremos primero el hospedaje, que suele ser el gasto más grande. Aunque depende de dónde viajes. En algunos países se puede conseguir hospedaje muy barato: por ejemplo en Vietnam encontré un hostal que cobraba 1 dólar la noche. Claro que era el hostal más cochino y más feo de todos, pero pues, ¡$1 dólar la noche!

Pero también hay formas de dormir sin pagar un solo centavo. Por ejemplo: acampando.

ACAMPAR, DORMIR AFUERA

En una ciudad es más peligroso y más difícil acampar, aunque no imposible, eh? Lo he hecho muchas veces. En una ciudad también se encuentran parquecitos o rincones donde uno puede esconderse y pasar la noche. Y ya en el campo, pues casi que en cualquier lado. Vos montás tu tienda de acampar, ponés tu bolsa de dormir, y hasta que amanezca, y sigues el camino. O si estás dispuesta a guerreártela más, pues duermes así sin tienda ni nada.

A mí no me gusta llevar tienda ni bolsa de dormir porque son cosas grandes y pesadas y yo viajo con lo mínimo posible, así que cargaba una sábana y un plástico nada más en caso de emergencia. Yo he dormido en cuevas, debajo de puentes, en el bosque, en edificios abandonados y hasta en un cementerio.

Y les digo la verdad: lo detesto. Odio dormir afuera, aguantar frío, que de pronto me llueva, no tener un baño, no no no, qué pereza, lo DETESTO. Especialmente ahora, porque me he dado cuenta que no es lo mismo dormir afuera a los 37 que a los 21. Uno ya va queriendo su comodidad, sus lujitos, pero, ¿me arrepiento de haberlo hecho? Para nada.

Porque viajar me ha aportado tanto a mi vida, que tener que sufrir un poco de vez en cuando para lograrlo ha valido totalmente la pena.

Puede que para ti no valga la pena. De que serías capaz, sí serías capaz, aguantar un poco de hambre y un poco de frío no te va a matar. Pero puede que tú digas, no, viajar así suena tan horrible que no me lo disfrutaría, no estoy dispuesta a pagar ese precio. Perfecto. No hay ningún problema.

Este estilo de vida no es para todo el mundo, y no tiene ningún sentido hacerlo si no se va a disfrutar. Lo que quiero que sepas es que hay formas. No tienes que renunciar a tus sueños, simplemente encuentra la manera. Y si esta manera no es para ti, encuentra otra, y ya.

TRABAJANDO A CAMBIO DE HOSPEDAJE

Otra manera, por lo general mucho más cómoda, de conseguir hospedaje sin tener que pagar es ofreciendo trabajo a cambio. Hay muchos hostales donde necesitan gente para trabajar en recepción o limpiar los cuartos, y a cambio te puedes quedar en el hostal unas semanas o incluso meses.

También hay plataformas de voluntariado, donde te dan hospedaje y muchas veces comida también. Uno de los más famosos es Workaway. Para ese sí tienes que pagar una membresía de un año, pero te da acceso a muchísimas oportunidades muy interesantes que puedes utilizar, no solo para tener dónde quedarte, sino también para aprender algo nuevo o tener una experiencia interesante.

Por ejemplo, ayudar en la cosecha de uvas en un viñedo en Italia, o restaurar una casa antigua con una familia hippie, o enseñarle español a los hijos de una pareja rica.

Tú puedes elegir a dónde ir y por cuánto tiempo quedarte, trabajas ciertas horas al día y tienes el resto del tiempo para explorar y conocer la zona.

COUCHSURFING


Y la forma que yo más utilizo para encontrar hospedaje cuando viajo es mediante el intercambio de hospitalidad. Hay muchas plataformas y redes para viajeros donde tú puedes ir y quedarte gratis en la casa de alguien.

La plataforma más grande y más conocida se llama Couchsurfing, pero hay muchas. Tú creas un perfil y le escribes a personas que vivan en los lugares a donde quieras visitar, “Mira, soy de tal parte, veo que tenemos tales y tales cosas en común y me encantaría conocerte, si me hospedas te puedo preparar un plato típico de mi país, o te ayudo con tal cosa, etc.”

Esto no es un hotel gratuito, es un intercambio cultural. Ellos te están abriendo las puertas de su casa y ofreciéndote hospitalidad, así que siempre hay que buscar dar algo a cambio.

Yo siempre procuro enviar mensajes personalizados, donde miro qué cosas le gustan a la persona y yo cómo les puedo aportar. Por ejemplo si en su perfil dicen que les interesa la espiritualidad, siempre ofrezco enseñarles la meditación chamánica que aprendí durante el año que viví de ermitaña en un bosque.

Si veo que tienen hijos, ofrezco contarles cuentos para dormir, si les gustan las artesanías les enseño unas que me sé, etc. Y por supuesto siempre trato de llevar comida, cocinar, y siempre ayudar en el aseo y dejar la casa mejor de lo que estaba.

Tú puedes empezar desde ya a hospedar a viajeros en tu propia ciudad, y así quedas con amigos a dónde llegar. O si vives con otras personas que no te permiten hospedar extraños, pues igual puedes conocer viajeros, invitarlos a un helado, mostrarles tu ciudad, lo que sea.

Y así vas creando amistades alrededor del mundo. Yo tengo una lista de cientos de contactos organizado por dónde viven, y si alguien me dice, “ah, si algún día vienes por mi país avísame,” yo ahí mismo saco la agenda y les digo, “más vale que sea verdad, porque si a mí me invitan, ¡yo les llego! Puede que sea en 10 años, pero yo te llego a la puerta y te hago la visita.”

Y así es que he conocido a algunas de las personas más fascinantes y creado algunas de mis amistades más fuertes. Además uno queda con historias para contar, porque uno nunca sabe dónde le va a tocar.

Esto no es como Airbnb que uno ve fotos de la habitación, no, uno ve fotos es de la persona, porque esto se trata de conocer gente, y las condiciones de la dormida son lo de menos.

He tenido experiencias de un extremo al otro: me han hospedado multimillonarios en penthouses que me han invitado a comer a restaurantes donde literalmente le echaban oro a la comida, hasta el otro extremo de quedarme con un grupo de anarquistas que se habían apoderado ilegalmente de una mansión abandonada y nos decían que si llegaba la policía, a correr.

Ese tipo de experiencias uno únicamente las vive cuando viaja así, con las manos abiertas, confiando en el Camino, y mis mejores historias de viajes siempre han venido de mis épocas más pobres.

TOCANDO PUERTAS


También está simplemente la táctica de tocar puertas, preguntar a la gente, mira, es que estoy mochileando, llevo tanto tiempo en el camino, no tengo donde dormir, ¿será que me dejas dormir en tu patio, o en el sofá, o donde sea? Y a cambio yo te ayudo con algo.

Y para mi gran sorpresa, las veces que he hecho eso, la gente me ha dicho que sí. Y le abren las puertas a uno. Es una belleza eso.

Uno al viajar se da cuenta que hay muchísimo más bien en el mundo que mal.

Lo que pasa es que el mal hace más bulla, pero por cada acto atroz hay cien mil millones de abrazos. Los buenos somos más. La bondad es más.

Y viajar de esta forma, con las manos abiertas, esa es una de las lecciones más importantes que recibe. Que todavía hay bien en el mundo. Que todavía hay bondad en el mundo.

Y lo inspira y lo reta a uno a ser mejor persona. Para merecer toda esa generosidad, toda esa bondad que te han brindado.

Eso en cuanto a hospedaje.

TRANSPORTE A PIE O BICICLETA


El segundo gasto más importante es el del transporte. Y claro, uno puede transportarse completamente gratis si anda en bicicleta o a pie, lo que tiene su propia magia.

Yo he hecho varios peregrinajes hermosos donde he caminado durante días en búsqueda de algo sagrado, y conozco muchísima gente que se ha recorrido continentes enteros en cicla.

AUTOSTOP


Pero mi forma favorita de viajar es el autostop. Se le dice de diferentes formas: pedir aventón, hacer dedo, hacer cola, tomar ride, y no sé de qué otras maneras, pero consiste en pararte al lado de la carretera con una gran sonrisa y a lo mejor un letrero que diga para dónde vas, o, mejor, que diga “un poco más adelante”.

Y empiezas a hacer piruetas para llamarle la atención a los carros que vienen, y la ley del Camino es que tarde que temprano, alguien siempre para.

A veces me ha tocado esperar horas hasta que alguien me recoja, pero en otras, especialmente en países musulmanes donde la hospitalidad es una parte tan importante de la cultura, a los 5 minutos siempre me llevan.

Tarde que temprano, alguien siempre para.

Y así, poco a poco, vas llegando a tu destino. Y a mí me encanta porque es una manera de vivir una aventura entre punto A y punto B.

Así logro conocer pueblitos y lugares hermosos que de resto jamás conocería, y uno conoce gente tan fascinante y escucha sus historias y aprende sobre la cultura… para mí es mágico.

PELIGRO


Y muchas personas me dicen, “Ay Achira, ¿pero eso no es peligroso? Montarse en un carro con gente extraña, quedarse en casas ajenas… ¿qué tal que le salga un loco?”

Pues mira, no te voy a mentir. El peligro está. Y uno siempre tiene que usar el sentido común y escuchar la intuición y tomar ciertas precauciones.

Si quieres saber más, escucha mi episodio “PELIGROS Y PRECAUCIONES AL VIAJAR POR EL MUNDO”.

Sí, viajar así puede ser arriesgado. Pero la verdad es que yo he tenido más problemas con taxistas que con personas que me recogen haciendo autostop, y viajando siempre he corrido muchísimo menos peligro que simplemente existiendo en mi propio país.

Yo calculo los riesgos y si veo que algo no vale la pena, no lo hago. Pero no quiero cohibirme de mis sueños por miedo a algo que podría pasar… y que en realidad también podría pasarme quedándome en casa.

Sí, hay gente mala en el mundo, pero los buenos somos más.

LOS BUENOS SOMOS MÁS


Mediante el autostop he conocido personas tan chéveres y he conocido lugares que de resto nunca conocería porque han parado en pueblitos o lugares especiales de camino que en un bus uno se los pierde.

El autostop me encanta. Y tantas veces uno también es lo que la persona en ese carro necesita. Ya sea porque va muy cansada y necesita conversar con alguien para no quedarse dormido al volante.

Tantas, pero tantas veces, especialmente cuando he hecho autostop sola, me han recogido personas que me han empezado a contar sus vidas y sienten la confianza porque saben que no me van a volver a ver y por lo tanto pueden decir lo que sea.

Me han contado que su hijo recién se había muerto y que no sabían cómo sobrellevarlo y que no tenían con quién hablar sobre el tema. Me han contado que el esposo la dejó. O sea, tantas veces hay personas que tienen hambre de conexión, de que alguien los escuche.

Y por eso no siento que estoy siendo aprovechada al pedirle a las personas que me paren y que me lleven porque yo siempre traigo algo para dar.

También trato de dar algo a cambio físicamente. Siempre hago unas pulseritas, unas manillitas con colores simbólicos que les regalo a las personas que nos recogen o algunas frasecitas, frases inspiradoras, algo que sea sencillo, que no pese mucho, que no ocupe mucho espacio en la mochila, pero que sea una especie de recuerdo y algo bonito que le pueda quedar a la persona que me ayudó para que vea que ayudar vale la pena, que el mundo es bonito, que la gente es buena.

CRUZAR EL MAR


Bueno, todo eso por tierra, pero, ¿y para cruzar el mar, ahí qué hace? Ahí sí o sí toca pagar un vuelo, y eso es lo más costoso de todo.

Pues no, mira que también se puede cruzar el mar en autostop.

A mí el mar abierto no me gusta, así que nunca me ha interesado hacerlo, pero tengo varios amigos y he hospedado a muchos couchsurfers que han cruzado los océanos haciendo autostop en barcos.

Van a la marina y buscan capitanes que necesitan tripulación, y así no tengan nada de experiencia en la navegación, hay gente que necesita quién les ayude en el velero y eso se aprende por el camino.

Obviamente te puedes demorar más tiempo en conseguir quién te lleve, y puede ser una experiencia difícil, y tienes que elegir cuidadosamente el capitán para no verte en medio del mar durante semanas con una mala persona.

Por eso no es para todo el mundo, de seguro no para mí, pero de que se puede, se puede.

Incluso hospedé a un chico que logró conseguir el aventón en una avioneta privada, y se cruzó todo el Atlántico volando.

También conocí a otro chico que se consiguió trabajo en un crucero, y así pudo darle la vuelta al mundo varias veces. Esa también es otra opción.

Como digo, estas cosas no siempre van a ser fáciles. Hay que tener así sea un poco de valor. Pero bueno, para todo, absolutamente todo, hay que tener valor.

COMIDA


Así que ahí tienes solucionado hospedaje y transporte. Sigue la comida.

TE INVITAN


Pues en muchos casos, las personas que te hospedan o te llevan en el auto son muy generosas y también te invitan a comer.

A mí siempre me daba mucha vergüenza, que además de todo lo que ya me estaban ayudando también me fueran a pagar comida, pero ahora que estoy en una posición de poder ayudarle a los viajeros y devolver un poco de esa hospitalidad que tantas personas me han brindado, se siente muy bonito compartir, aportar, ayudarle a alguien en la consecución de sus sueños.

Cada que uno da, recibe.

TRABAJAR A CAMBIO DE COMIDA


Y también está la opción de hacer algún intercambio por comida.

Por ejemplo, como también sé inglés, en varios restaurantes he ofrecido traducirles el menú.

En una ocasión viajé con un chico que tenía un canal de YouTube, y fuimos a varios restaurantes a preguntar si nos daban la cena a cambio de subir un video sobre el sitio y dejar unas referencias.

Varios restaurantes nos dijeron que no, pero para sorpresa mía el que dijo que sí fue el restaurante más fiufiu y costoso de todos.

También uno puede ofrecer lavar los platos o lo que sea.

En Barcelona, por ejemplo, mi pareja y yo nos hicimos amigos de la señora de una panadería, e íbamos todas las noches a ayudarla a recoger, organizar y limpiar, y ella nos daba toda la parva que había sobrado del día.

Era riquísimo además, y quedábamos con tantos panes y pasteles y sánduches y ponqués que repartíamos entre toda la vecindad y todavía nos sobraba.

COMIDA QUE SE VA A BOTAR


Y eso nos lleva a la otra forma de conseguir comida gratis.

¿Sabías que se desperdicia aproximadamente el 40% de todos los alimentos producidos a nivel mundial? ¡El 40%! ¡Suficiente para alimentar a miles de millones de personas!

Es una atrocidad. A mí me duele ver botar comida, especialmente porque a mí me ha tocado pasar hambre.

Cuando tenía 12 años tuvimos que huir del país por la situación de la violencia, y aunque tuvimos la fortuna de poder ir a los Estados Unidos en vez de terminar en algún campamento para refugiados, lo perdimos casi todo y muchas veces no teníamos suficiente para comer.

Una vez en la iglesia vi que botaron una cantidad de donuts, y yo casi que me abalanzo a ese basurero a sacar cuanto podía que no estuviera demasiado sucio, y lo llevé a casa y dije que me los habían regalado. Comimos donuts como por una semana.

Así que no tengo ningún problema con sacar comida de la basura cuando viajo.

Si te vas a los mercados campesinos por la tarde, siempre hay cantidades de frutas y verduras que no se alcanzaron a vender, que están un poco marchitas o tienen de pronto un pedacito malo, pero que le cortas eso y el resto está bueno.

También por las noches, afuera de los supermercados, sacan cosas que están buenas pero que no pueden vender porque se pasó la fecha de vencimiento.

Y por supuesto, también está la opción de pasar por los restaurantes y ver la comida que la gente deja en el plato, y simplemente pedir permiso de llevarse lo que no se van a comer.

Y la gente me lo da, claro. Muchas veces muy sorprendidos, por supuesto, porque no es muy común que una persona que no sea habitante de calle se les acerque a pedir la comida que van a botar.

Pero es que es comida que se va a perder. Puede que a uno le dé mucha vergüenza, especialmente al principio, pero yo lo veo como que: ¡esta comida se va a botar, la estoy rescatando!

TODO LO DEMÁS


Y con eso prácticamente ya lo tienes todo.

Si realmente quisieras, podrías dejarlo todo y arrancar a andar ya mismo, sin nada, y confiar en el Camino y seguir tus pies hasta encontrar tu alma.

Si no tienes pasaporte, cosa que sí o sí cuesta una plata, puedes empezar viajando por tu propio país, o mirar qué convenios tienes con otros países donde puedas viajar con solo el documento de identidad.

A mí personalmente siempre me gusta tener un fondo de emergencias, y así sea un poquito de dinero para cosas como tener datos en el celular, lo que me hace muchísimo más fácil la vida.

Pero fíjate que realmente se puede incluso sin eso, y que también hay formas de ganar dinero viajando; en un episodio futuro hablaré al respecto.

EXPERIENCIAS


Hay muchísimas experiencias gratuitas, pero a veces uno quiere entrar a algún museo o a algún parque nacional que cobra entrada.

Bueno, muchas veces las instituciones culturales ofrecen días que son gratuitos; es cuestión de informarse.

También en muchos lugares hay descuentos o incluso entrada libre para estudiantes. Si tienes un carnet estudiantil vigente, incluso si es únicamente de un curso en internet, en casi todo lado te la valen.

En otros casos también puedes hacer intercambio, como tomar fotos profesionales del lugar, por ejemplo, si es que tienes buena cámara y sabes hacerlo.

Opciones hay muchas, es cuestión de ser creativo y arriesgarse a preguntar.

No se imaginan todo lo que se logra con solo preguntar. Si dicen que no, no pasa nada; igual no te debían nada.

Pero el solo hecho de preguntar te abre muchísimas puertas.

Y estas experiencias son las que se quedan de por vida.

También he viajado teniendo platica, y es mucho más cómodo, y más fácil, y también vale totalmente la pena.

Pero las veces que he viajado con poco más que la mochila, la sonrisa y las ganas de vivir, han sido las más mágicas.

Incluso si viajar de esta forma no es para ti, nunca permitas que la falta de dinero te impida realizar un sueño.

Encuentra la forma, porque formas hay, aunque no entiendas cómo el camino proveerá, especialmente si te atreves a vivir con valor.